Estrés: cómo saber si te está enfermando (y qué hacer antes de que sea tarde)

Estrés: cómo saber si te está enfermando (y qué hacer antes de que sea tarde)

Estás estresado, tienes ansiedad, no llegas a todo… El estrés es, probablemente, uno de los grandes males del siglo XXI… Si pudieras viajar en el tiempo y preguntar a un señor del siglo X qué es el estrés, te miraría con cara rara. Y no es que no tuvieran sus propios problemas y preocupaciones, pero llegar a tiempo a recoger a los niños del cole saliendo del trabajo a la misma hora, no era uno de ellos. ¿Cómo saber si realmente estás estresado de manera negativa y ese estrés crónico está afectando a tu salud? ¿Y qué hacer para combatirlo?

Índice

El estrés… ¿Malo o bueno?

Cuando escuchamos la palabra “estrés”, solemos pensar en algo negativo. Pero desde el punto de vista biológico, el estrés no es un fallo del cuerpo: es un mecanismo de supervivencia extremadamente sofisticado.

Sin estrés, nuestros antepasados no habrían sobrevivido.

El problema no es sentir estrés. El problema aparece cuando el organismo permanece activado durante demasiado tiempo. Es decir, cuando aparece lo que conocemos como estrés crónico.

El estrés agudo: una respuesta diseñada para protegerte

Imagina que cruzas la calle y un coche frena bruscamente delante de ti. En una fracción de segundo, tu cuerpo pone en marcha una respuesta automática:

• Aumenta la frecuencia cardíaca

• Respiras más rápido

• Tus músculos se tensan

• Tu atención se vuelve más intensa

Todo esto ocurre gracias a la activación de dos grandes sistemas biológicos:

1. El sistema nervioso simpático

Es el responsable de la conocida respuesta de “lucha o huida” (fight or flight).

Aquí se liberan catecolaminas como:

• Adrenalina

• Noradrenalina

Estas hormonas preparan al cuerpo para reaccionar rápidamente ante una amenaza y nos protegen de la misma.

2. El eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal)

Es uno de los sistemas centrales de regulación del estrés.

El proceso funciona así:

1. El hipotálamo detecta una amenaza

2. Envía señales a la hipófisis

3. La hipófisis estimula las glándulas suprarrenales

4. Las suprarrenales liberan cortisol

El cortisol suele tener mala fama, pero en realidad cumple funciones esenciales:

• Moviliza energía rápidamente

• Aumenta la glucosa disponible

• Mejora temporalmente la atención

• Ayuda a modular la inflamación

En pequeñas dosis y durante poco tiempo, esta respuesta es adaptativa y beneficiosa.

El cuerpo humano está diseñado para recuperarse.

El estrés agudo no debería mantenerse durante horas o días. Una vez desaparece la amenaza, el organismo entra en fase de recuperación:

• Baja el cortisol

• Se reduce la frecuencia cardíaca

• El sistema nervioso parasimpático recupera el control

Ese equilibrio entre activación y recuperación es clave para la salud. El verdadero problema surge cuando el modo supervivencia nunca se apaga y estamos liberando cortisol, adrenalina y otras hormonas constantemente.

El cerebro moderno reacciona al estrés psicológico casi igual que a una amenaza física. Para el organismo, no hay tanta diferencia entre:

• escapar de un depredador,

• una discusión constante,

• problemas económicos,

• dormir mal,

• o revisar el correo laboral a medianoche.

Cuando la activación se vuelve crónica, el sistema deja de ser protector y empieza a generar desgaste biológico. Aquí es donde el estrés pasa de ser útil a convertirse en un factor de riesgo para:

ansiedad,

• hipertensión,

• problemas digestivos,

• alteraciones del sueño,

• inflamación crónica,

• y enfermedad cardiovascular.

El investigador Bruce S. McEwen describió este fenómeno como el paso de los “efectos protectores” a los “efectos dañinos” de los mediadores del estrés. Este investigador, uno de los más importantes en este campo, explica en un estudio justo cómo es el cerebro el decide qué situaciones son amenazantes y coordina las respuestas hormonales, inmunes y conductuales. Especialmente importantes son:

• el hipocampo (memoria),

• la amígdala (miedo y ansiedad),

• la corteza prefrontal (control ejecutivo y toma de decisiones).

Este estudio muestra evidencia de que el estrés prolongado puede:

• reducir volumen y conectividad en hipocampo y corteza prefrontal,

• aumentar la reactividad de la amígdala,

• empeorar memoria, atención y regulación emocional.

La carga alostática y la salud

Aparece lo que se conoce como carga alostática. El cuerpo humano está diseñado para adaptarse constantemente a los cambios del entorno. A ese proceso de adaptación fisiológica se le llama alostasis.

La alostasis es el mantenimiento de la estabilidad a través del cambio, como un proceso fundamental mediante el cual los organismos se adaptan activamente tanto a eventos predecibles como impredecibles.

La alostasis permite que el organismo mantenga la estabilidad mediante el cambio.

Por ejemplo:

• Aumentar la frecuencia cardíaca durante un esfuerzo

• Liberar cortisol ante una amenaza

• Activar el sistema inmune frente a una infección

Todas estas respuestas son normales y necesarias.

El problema aparece cuando esos mecanismos se activan demasiado tiempo o con demasiada frecuencia.

Ahí entra el concepto de carga alostática. La carga alostática es el desgaste acumulado que sufre el cuerpo cuando permanece en estado de alerta de forma prolongada.

Es como mantener el motor de un coche acelerado continuamente:

• al principio responde bien,

• pero con el tiempo empieza el deterioro.

El organismo puede tolerar picos puntuales de estrés. Lo que le cuesta manejar es la activación constante sin recuperación suficiente.

Existen dos tipos de sobrecarga alostática; la de tipo 1 se produce cuando la demanda de energía supera la oferta, lo que activa la fase de emergencia del ciclo vital. Esto desvía al animal de las fases normales del ciclo vital hacia un modo de supervivencia que disminuye la carga alostática y restablece un balance energético positivo. El ciclo vital normal se reanuda una vez superada la perturbación.

La sobrecarga alostática de tipo 2 comienza cuando existe un consumo de energía suficiente o incluso excesivo, acompañado de conflictos sociales y otros tipos de disfunción social. Esto último se da en la sociedad humana y en ciertas situaciones que afectan a los animales en cautividad. En todos los casos, la secreción de glucocorticosteroides y la actividad de otros mediadores de la alostasis, como el sistema nervioso autónomo, los neurotransmisores del SNC y las citoquinas inflamatorias, fluctúan con la carga alostática. Si la carga alostática es crónicamente alta, se desarrollan patologías. La sobrecarga alostática de tipo 2 no desencadena una respuesta de escape y solo puede contrarrestarse mediante el aprendizaje y cambios en la estructura social.

¿Qué ocurre en el cuerpo cuando el estrés se vuelve crónico?

Cuando el estrés se vuelve crónico, varios sistemas empiezan a alterarse simultáneamente:

Sistema hormonal

• Elevación mantenida de cortisol

• Alteración de ritmos circadianos

• Peor regulación de glucosa e insulina

Sistema cardiovascular

• Aumento sostenido de presión arterial

• Mayor frecuencia cardíaca basal

• Más riesgo cardiovascular

Sistema inmune

• Inflamación crónica de bajo grado

• Mayor susceptibilidad a infecciones

• Recuperación más lenta

Cerebro

• Fatiga mental

• Problemas de memoria y concentración

• Mayor riesgo de ansiedad y depresión

McEwen destaca que la privación de sueño amplifica el estrés fisiológico:

• eleva cortisol e inflamación,

• altera apetito y metabolismo,

• deteriora funciones cognitivas.

Y yo… ¿Estoy realmente estresado? Señales de que el estrés se ha apoderado de tu vida

• Cansancio constante (aunque duermas)

• Dormir y seguir agotado

• Irritabilidad

• Problemas digestivos (SII, hinchazón…)

• Grasa abdominal resistente

Antojos de azúcar

• Dificultad para desconectar

• Despertarse de madrugada

• Sensación de “estar acelerado” incluso en reposo

• Ansiedad “sin motivo claro”

El estrés crónico se asocia con mayor riesgo de síndrome metabólico. No siempre significa una enfermedad concreta, pero sí puede indicar que el sistema de adaptación está sobrecargado.

¿Qué funciona de verdad para reducir el impacto del estrés?

Cuando hablamos de manejar el estrés, muchas personas buscan soluciones rápidas: suplementos, técnicas “milagro” o productividad extrema. Sin embargo, la evidencia científica muestra que los mayores beneficios suelen venir de intervenciones básicas pero consistentes.

La regulación del estrés no depende de eliminar todos los problemas de la vida, sino de mejorar la capacidad del organismo para recuperarse.

1. Sueño: el regulador maestro del estrés

Dormir mal no solo aumenta la sensación subjetiva de estrés: altera directamente los sistemas hormonales que regulan la respuesta al estrés.

La privación de sueño:

• aumenta cortisol,

• empeora la sensibilidad a la insulina,

• incrementa inflamación,

• y reduce la capacidad de regulación emocional.

Incluso dormir pocas horas durante varios días puede producir alteraciones metabólicas similares a las observadas en etapas tempranas de resistencia a la insulina.

Además, el cerebro privado de sueño reacciona de forma más intensa a estímulos negativos, lo que hace que situaciones normales se perciban como más amenazantes.

Qué ayuda más

• Horarios regulares

• Luz natural por la mañana

Reducir pantallas antes de dormir

• Evitar cafeína tarde

• Dormitorio fresco y oscuro

2. Ejercicio físico: una herramienta biológica contra el estrés

El ejercicio regular es probablemente una de las intervenciones más potentes para mejorar resiliencia fisiológica. No actúa solo “distrayendo” la mente. Produce cambios reales en:

• sistema nervioso,

• inflamación,

• metabolismo,

• calidad del sueño,

• y regulación emocional.

Con el tiempo, el ejercicio mejora la capacidad del organismo para responder al estrés sin sobreactivarse. También aumenta factores neurotróficos como el BDNF, relacionados con plasticidad cerebral y salud mental.

El error frecuente:

Muchas personas creen que más ejercicio siempre es mejor. Pero el exceso de entrenamiento, especialmente combinado con poco descanso, puede aumentar la carga alostática. El objetivo no es agotarse, sino mejorar adaptación.

Qué tipo de ejercicio tiene más evidencia

Caminar diariamente

• Entrenamiento de fuerza

• Ejercicio aeróbico moderado

• Actividad física consistente, no extrema

3. Respiración y sistema nervioso

La respiración influye directamente sobre el sistema nervioso autónomo.

Las técnicas de respiración lenta y controlada pueden aumentar la actividad parasimpática (relacionada con recuperación y calma) y disminuir activación simpática excesiva. Esto ocurre en parte mediante estimulación del nervio vago.

Lo importante: No hace falta convertir la respiración en una práctica compleja. Incluso unos minutos de respiración lenta:

• reducen frecuencia cardíaca,

• mejoran sensación subjetiva de calma,

• y disminuyen marcadores fisiológicos de estrés.

Técnicas simples útiles

• Respiración diafragmática

• Exhalaciones más largas que la inhalación

• Respiración nasal lenta

4. Luz natural y ritmos circadianos

El cerebro utiliza la luz como principal señal para regular:

• sueño,

• cortisol,

• temperatura corporal,

• energía,

• y estado de ánimo.

La falta de exposición a luz natural, especialmente por la mañana, altera ritmos circadianos y puede empeorar:

• fatiga,

• insomnio,

• estrés percibido,

• y salud mental.

Qué tiene más impacto: La exposición a luz solar durante las primeras horas del día ayuda a sincronizar el reloj biológico y mejorar la regulación hormonal.

5. Relaciones sociales y recuperación emocional

El aislamiento social aumenta marcadores de estrés fisiológico. Por el contrario, las relaciones sociales positivas ayudan a modular cortisol y mejorar resiliencia emocional.

La regulación del estrés no es solo individual: también es social. Mantener relaciones sólidas y positivas con familiares y amigos te ayuda a reducir el estrés y tener mejor salud. No te aísles.

¿Y los suplementos? ¿Ayudan a reducir el estrés?

Los suplementos pueden ayudar, pero es importante entender algo: ninguno compensa falta de sueño, sedentarismo o estrés crónico mantenido.

La evidencia más sólida sigue estando en hábitos básicos, pero combinarlos con ciertos suplementos puede ayudarte a sentirte mucho mejor. Algunos de los más beneficiosos son:

1. Ashwagandha

La ashwagandha es una planta adaptógena utilizada tradicionalmente en medicina ayurvédica.

Algunos estudios muestran:

• reducción de cortisol,

• menor ansiedad percibida,

• y mejora subjetiva del estrés.

2. Magnesio

El magnesio participa en cientos de reacciones biológicas, incluyendo regulación neuromuscular y función nerviosa. Es especialmente para reducir el estrés el Bisciglicinato de Magnesio.

Los déficits leves son relativamente frecuentes y pueden relacionarse con:

• fatiga,

• irritabilidad,

• alteraciones del sueño,

• y aumento de estrés percibido.

¡Importante! No todas las personas necesitan suplementación. Puede ser más útil en personas con:

• dieta deficiente,

• estrés elevado,

• consumo alto de alcohol,

• o problemas gastrointestinales.

3. L-teanina

La L-teanina es un aminoácido presente en el té verde. Puede favorecer un estado de relajación sin producir sedación intensa.

Algunos estudios sugieren:

• reducción de estrés subjetivo,

• mejora leve de atención,

• y mayor relajación fisiológica.

4. Azafrán

Es un extracto floral con potentes propiedades antidepresivas y ansiolíticas comparables a fármacos ISRS. Varios ensayos clínicos han demostrado que el azafrán tiene efectos similares a algunos antidepresivos farmacológicos, como la fluoxetina.

Inhibe la recaptación de serotonina y modula el estrés oxidativo y la inflamación.

El azafrán modula los niveles de serotonina, glutamato y dopamina, lo que favorece el equilibrio emocional. Esto hace que pueda actuar como ansiolítico suave.

5. Melena de león

Hongo medicinal que estimula el factor de crecimiento nervioso (NGF), apoyando la neurogénesis.

Puede aliviar los síntomas de la depresión y la ansiedad gracias a los efectos antiinflamatorios que tiene.

Función: Mejora la función cognitiva, reduce la ansiedad y los síntomas depresivos.

SleepOn tratamiento para un sueño profundo y reparador

Ideas clave

  • El estrés es una respuesta biológica esencial para la supervivencia, pero que puede convertirse en un problema cuando se mantiene de forma crónica.
  • En situaciones puntuales, el estrés activa sistemas como el sistema nervioso simpático y el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, liberando hormonas como la adrenalina y el cortisol.
  • Estas sustancias preparan al cuerpo para reaccionar ante amenazas, aumentando la atención, la energía y la capacidad de respuesta.
  • Una vez que el peligro desaparece, el organismo debería volver a un estado de equilibrio.
  • El problema surge cuando esta activación no se apaga.
  • El cerebro puede interpretar como amenazas situaciones cotidianas (trabajo, problemas económicos, falta de sueño), manteniendo al organismo en estado de alerta constante.
  • Esto puede generar lo que Bruce McEwen denomina “carga alostática”, es decir, el desgaste acumulado por la activación repetida de los sistemas de estrés sin suficiente recuperación.
  • A nivel biológico, el estrés crónico afecta múltiples sistemas: altera la regulación hormonal (especialmente el cortisol), aumenta la presión arterial, favorece la inflamación crónica y debilita el sistema inmunológico.
  • También impacta en el cerebro, afectando la memoria, la atención y la regulación emocional, y aumentando el riesgo de ansiedad y depresión.
  • El texto también describe señales comunes de estrés crónico como fatiga persistente, irritabilidad, problemas digestivos, dificultades de sueño y sensación de hiperactivación constante.
  • Finalmente, se proponen estrategias basadas en evidencia para reducir su impacto, como mejorar el sueño, hacer ejercicio regular, exponerse a la luz natural, practicar técnicas de respiración, mantener relaciones sociales saludables y reducir la sobrecarga diaria.
  • También se menciona que algunos suplementos pueden ayudar de forma complementaria, pero no sustituyen los hábitos básicos de salud.
  • En conjunto, la idea central es que el estrés no es dañino en sí mismo, sino su persistencia sin recuperación adecuada, lo que lleva a un desgaste progresivo del organismo. 

Fuente:

  • Bruce S. McEwen, Protective and Damaging Effects of Stress Mediators.. Published January 15, 1998, Engl J Med 1998;338:171-179. DOI: 10.1056/NEJM199801153380307
   
  • Salmon P. Effects of physical exercise on anxiety, depression, and sensitivity to stress. Clin Psychol Rev, 2001. Brown RP, Gerbarg PL. Sudarshan Kriya yogic breathing in the treatment of stress. J Altern Complement Med, 2005.
 
  • Czeisler CA et al. Stability, precision, and near-24-hour period of the human circadian pacemaker. Science, 1999.
 
  • Spiegel K, Leproult R, Van Cauter E. Impact of sleep debt on metabolic and endocrine function. Lancet. 1999 Oct 23;354(9188):1435-9. doi: 10.1016/S0140-6736(99)01376-8. PMID: 10543671.
 
  • Lopresti AL et al. A randomized, double-blind, placebo-controlled study of ashwagandha. Medicine (Baltimore), 2019.
 
  • Boyle NB et al. The effects of magnesium supplementation on subjective anxiety and stress. Nutrients, 2017.
 
  • Hidese S et al. Effects of L-theanine administration on stress-related symptoms. Nutrients, 2019.
 
  • Khazdair MR, Boskabady MH, Hosseini M, Rezaee R, M Tsatsakis A. The effects of Crocus sativus (saffron) and its constituents on nervous system: A review. Avicenna J Phytomed. 2015 Sep-Oct;5(5):376-91. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26468457/
 
  • Lai PL, Naidu M, Sabaratnam V, Wong KH, David RP, Kuppusamy UR, Abdullah N, Malek SN. Neurotrophic properties of the Lion's mane medicinal mushroom, Hericium erinaceus (Higher Basidiomycetes) from Malaysia. Int J Med Mushrooms. 2013;15(6):539-54. doi: 10.1615/intjmedmushr.v15.i6.30.

Redacción: Irene García

Supervisión editorial: Carlos Gutiérrez

Actiage es una web de divulgación e información. Como tal, todos los artículos son redactados y revisados concienzudamente pero es posible que puedan contener algún error o que no recojan todos los enfoques sobre una materia. Por ello, la web no sustituye una opinión o prescripción médica. Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu familia es recomendable acudir a una consulta médica para que pueda evaluar la situación en particular y, eventualmente, prescribir el tratamiento que sea preciso. Señalar a todos los efectos legales que la información recogida en la web podría ser incompleta, errónea o incorrecta, y en ningún caso supone ninguna relación contractual ni de ninguna índole.