Propiedades y beneficios para la salud de la alfalfa

Propiedades y beneficios para la salud de la alfalfa

La alfalfa (Medicago sativa) es una planta leguminosa conocida desde hace siglos por su utilización como alimento y planta medicinal. Aunque tradicionalmente se ha empleado para diferentes problemas de salud, en los últimos años ha despertado especial interés por su contenido en fitoestrógenos, saponinas, flavonoides, vitaminas, minerales y otros compuestos bioactivos.

Índice

Su composición hace que la alfalfa sea objeto de investigación en áreas como la salud cardiovascular, el metabolismo, el estrés oxidativo y, especialmente, la salud de la mujer durante la menopausia.

¿Qué contiene la alfalfa?

La alfalfa destaca por su variedad de nutrientes y sustancias bioactivas. Entre sus principales componentes encontramos proteínas, fibra, vitaminas A, C, E y K, minerales como calcio, magnesio, potasio, fósforo y hierro, además de diferentes compuestos fenólicos y antioxidantes.

Pero probablemente los componentes que más interés científico despiertan son las saponinas, flavonoides e isoflavonoides.

Las saponinas pueden interactuar con el colesterol y se ha propuesto que podrían contribuir a disminuir su absorción intestinal. Por otro lado, los flavonoides y otros polifenoles presentan propiedades antioxidantes y antiinflamatorias estudiadas principalmente en modelos experimentales.

La alfalfa también contiene fitoestrógenos, sustancias vegetales capaces de interactuar con los receptores de estrógenos. Entre ellos se encuentran compuestos como coumestrol, formononetina y biochanina A. Precisamente esta actividad estrogénica es la que ha despertado interés en relación con la menopausia.

Alfalfa y salud cardiovascular

Uno de los posibles beneficios de la alfalfa que cuenta con cierta evidencia en humanos es su relación con el perfil lipídico.

Un estudio clásico publicado en Atherosclerosis administró semillas de alfalfa a 15 personas con hiperlipoproteinemia durante ocho semanas. En los participantes con hipercolesterolemia tipo II se observó una reducción aproximada del 17% del colesterol total y del 18% del colesterol LDL. También disminuyó la apolipoproteína B. Sin embargo, se trataba de un estudio pequeño y antiguo, por lo que estos resultados deben interpretarse con cautela y no permiten considerar la alfalfa un tratamiento para el colesterol.

Una posible explicación es la acción combinada de las saponinas y la fibra, que pueden interferir con la absorción y el metabolismo intestinal del colesterol.

Por tanto, la alfalfa podría tener interés como parte de una alimentación saludable, pero no debe sustituir a una dieta adecuada ni a un tratamiento hipolipemiante cuando este haya sido indicado por un profesional sanitario.

¿Puede ayudarnos la alfalfa a vivir más?

Otro de los motivos por los que la alfalfa está despertando interés es su contenido en polifenoles y flavonoides.

Los estudios experimentales han descrito actividad antioxidante y mecanismos relacionados con la modulación de procesos inflamatorios. Una revisión reciente publicada en Food Frontiers identifica flavonoides, isoflavonas y saponinas como algunos de los principales grupos de compuestos bioactivos de la planta.

Esto es interesante porque el estrés oxidativo y la inflamación crónica de bajo grado están relacionados con numerosos procesos asociados al envejecimiento.

No obstante, es importante no confundir actividad antioxidante observada en laboratorio con un beneficio clínico demostrado en personas. Todavía son necesarios ensayos clínicos de mayor tamaño para determinar qué efectos tiene realmente la suplementación con alfalfa sobre estos parámetros y si realmente nos puede ayudar a vivir más.

Alfalfa y menopausia: ¿puede ayudar?

Aquí encontramos uno de los aspectos más interesantes de la planta.

Durante la transición menopáusica disminuye progresivamente la producción de estrógenos. Este cambio hormonal está relacionado con síntomas como sofocos, sudoración nocturna, alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo y sequedad vaginal, entre otros.

Los fitoestrógenos presentes en determinadas plantas tienen una estructura química capaz de interactuar con los receptores estrogénicos. Por eso se ha planteado que podrían ejercer efectos similares, aunque mucho más débiles y diferentes de los del estradiol humano.

La alfalfa contiene diferentes fitoestrógenos y, por ello, tradicionalmente se ha utilizado en productos destinados a mujeres durante la menopausia. Sin embargo, la evidencia científica específica sobre alfalfa para aliviar los síntomas menopáusicos es todavía limitada.

Una revisión Cochrane que analizó 43 ensayos clínicos y más de 4.000 mujeres concluyó que, en conjunto, no existía evidencia concluyente de que los suplementos de fitoestrógenos redujeran de forma consistente la frecuencia o intensidad de los sofocos y sudores nocturnos. Algunos preparados ricos en genisteína mostraron resultados prometedores, pero los resultados no pueden extrapolarse directamente a cualquier suplemento de alfalfa.

Otra revisión y metaanálisis de ensayos aleatorizados encontró una pequeña reducción de la frecuencia de los sofocos con fitoestrógenos, pero también señaló diferencias importantes entre los estudios y los productos utilizados.

Por tanto, la conclusión más prudente sería: La alfalfa contiene fitoestrógenos que podrían tener interés durante la menopausia, pero actualmente no existen pruebas suficientes para afirmar que la alfalfa por sí sola sea eficaz para tratar los sofocos u otros síntomas menopáusicos, por eso suele combinarse en suplementos para la menopausia con otras sustancias para aumentar sus efectos positivos.

Por ello, puede contemplarse como un complemento dentro de un enfoque global de salud durante la menopausia, pero no como sustituto de tratamientos con evidencia clínica cuando estos sean necesarios.

¿Cómo tomar alfalfa?

La alfalfa puede encontrarse en diferentes formatos:

• Brotes de alfalfa, utilizados como alimento.

• Hojas deshidratadas o polvo.

• Infusiones.

• Extractos secos.

• Cápsulas o comprimidos.

Aquí hay una cuestión importante: no existe una dosis terapéutica de alfalfa universalmente establecida y respaldada por ensayos clínicos de calidad para la menopausia.

Por tanto, no sería correcto recomendar una dosis concreta como si estuviera científicamente establecida para reducir sofocos.

Además, las cantidades utilizadas en algunos estudios antiguos no son directamente extrapolables a los suplementos actuales. Por ejemplo, el estudio sobre colesterol utilizó 40 g de semillas de alfalfa tres veces al día, una cantidad muy elevada que no debe interpretarse como una recomendación general de suplementación.

En la práctica, si se utiliza un suplemento, lo más prudente es seguir la dosis indicada por el fabricante y elegir productos que especifiquen claramente la cantidad de extracto y, cuando sea posible, su estandarización.

Precauciones: natural no significa inocuo

Aunque la alfalfa puede consumirse como alimento, los suplementos concentrados requieren ciertas precauciones.

Uno de los aspectos más importantes es su contenido en vitamina K. Las personas que toman anticoagulantes como warfarina deben consultar con su médico antes de utilizar suplementos de alfalfa, ya que la vitamina K puede interferir con el efecto anticoagulante.

También se ha relacionado la alfalfa, especialmente sus semillas, con la presencia de L-canavanina, un aminoácido no proteico que puede estimular determinadas respuestas inmunológicas. Se han descrito casos de reactivación de síntomas similares al lupus asociados al consumo de preparados de alfalfa. Por este motivo, las personas con lupus eritematoso sistémico deberían evitar los suplementos de alfalfa. También pueden aparecer efectos digestivos como gases, molestias abdominales, aumento de las deposiciones o diarrea.

Además, los brotes crudos de alfalfa han estado implicados en brotes de infecciones alimentarias por Salmonella y E. coli, por lo que las personas especialmente vulnerables deben extremar las precauciones.

Suplemento nutricional antienvejecimiento

Ideas clave

  • La alfalfa (Medicago sativa) es una planta leguminosa que, además de utilizarse tradicionalmente como alimento, contiene una amplia variedad de nutrientes y compuestos bioactivos.
  • Entre ellos destacan las saponinas, flavonoides, polifenoles y fitoestrógenos, además de vitaminas, minerales y fibra.
  • Esta combinación ha despertado el interés de la investigación científica por sus posibles efectos sobre diferentes aspectos de la salud, especialmente el metabolismo, la salud cardiovascular y el estrés oxidativo.
  • Uno de los aspectos más estudiados es su posible influencia sobre el perfil lipídico. Algunos estudios han observado reducciones del colesterol total y del colesterol LDL tras el consumo de semillas de alfalfa, aunque la evidencia disponible todavía es limitada y procede, en buena medida, de estudios pequeños.
  • Su contenido en flavonoides y otros polifenoles también le proporciona actividad antioxidante observada en estudios experimentales. Estos compuestos pueden ayudar a combatir el estrés oxidativo. Sin embargo, todavía son necesarios más estudios en humanos para determinar hasta qué punto estos efectos se traducen en beneficios concretos para la salud y la longevidad.
  • Uno de los motivos por los que la alfalfa resulta especialmente interesante para la salud femenina es su contenido en fitoestrógenos, compuestos de origen vegetal capaces de interactuar con los receptores de estrógenos.
  • Durante la menopausia, la disminución de los niveles de estrógenos puede contribuir a la aparición de síntomas como sofocos, sudoración nocturna, alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo o sequedad vaginal.
  • Debido a su contenido en fitoestrógenos, la alfalfa se ha incorporado tradicionalmente a algunos complementos destinados a esta etapa.
  • Los resultados dependen además del tipo de fitoestrógeno, la cantidad utilizada y la composición del suplemento. Por este motivo, la alfalfa puede considerarse un complemento dentro de un enfoque integral de la salud durante la menopausia, junto con una alimentación adecuada, ejercicio, descanso y otros hábitos saludables.
  •  La alfalfa puede encontrarse en diferentes formatos, como brotes, hojas deshidratadas, polvo, infusiones, extractos, cápsulas o comprimidos.
  • Actualmente no existe una dosis terapéutica universalmente establecida para tratar los síntomas de la menopausia, por lo que, en el caso de los suplementos, es importante seguir las indicaciones del fabricante.
  • Además, aunque sea una planta natural, no está exenta de precauciones. Su contenido en vitamina K puede ser relevante en personas que toman determinados anticoagulantes, y los preparados concentrados de alfalfa no están recomendados para personas con lupus eritematoso sistémico. Los brotes crudos también requieren especial precaución por el riesgo de contaminación microbiológica. 

Enfermedades relacionadas

Fuente:

  • Magaard J, von Schenck H, Olsson AG. Alfalfa seeds lower low density lipoprotein cholesterol and apolipoprotein B concentrations in patients with type II hyperlipoproteinemia. Atherosclerosis. 1987;65:173179.
 
  • Lethaby A, et al. Phytoestrogens for menopausal vasomotor symptoms. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2013.
 
  • Chen MN, Lin CC, Liu CF. Efficacy of phytoestrogens for menopausal symptoms: a meta-analysis and systematic review. Climacteric. 2015 Apr;18(2):260-9. doi: 10.3109/13697137.2014.966241.
   
  • Ahranjani J, et al. Bioactive Phytochemical Compounds in Medicago sativa L. (Alfalfa): A Systematic Review. Food Frontiers, 2025/2026.

Redacción: Irene García

Supervisión editorial: Carlos Gutiérrez

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